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jueves, 10 de febrero de 2011

Otra forma de aprender

Desde las altura interestelares me ha llegado esta experiencia didáctica, realizada por el profesor Manuel Guerrero:
El mensaje de Yoda

martes, 11 de enero de 2011

"Pero la gramática, ¿para qué sirve?"


"Pero la gramática, ¿para qué sirve?, le ha preguntado Acuille. 'Deberías saberlo', le ha contestado doña Me-pagana-para-que-os-lo-enseñe. 'Pues no', ha replicado Achille con sinceridad, por una vez, 'nadie se ha tomado nunca la molestia de explicárnoslo'. La profesora ha dejado escapar un largo suspiro, en plan 'encima tengo que tragarme estas preguntas estúpidas', y ha respondido: 'Sirve para hablar bien y escribir bien.'
Entonces he creído que me iba a dar un infarto. Nunca había oído tamaña ineptitud. Y con esto no quiero decir que no sea verdad, digo que es una ineptitud como una casa. Decir a unos adolescentes que ya saben leer y escribir que la gramática sirve para eso, es como decirle a alguien que se tiene que leer una historia de los cuartos de baño a través de los siglos para saber haber bien pis y caca. ¡No tiene sentido! (...)
Yo en cambio creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso, porque te dices: '¡Pero ¡qué bonita es por dentro, qué bien formada!','¡qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!'. Para mí, solo saber que hay varias naturalezas de palabras y que hay que conocerlas para poder utilizarlas y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades, hace que me sienta en éxtasis. (...)
Para acceder a toda esta belleza de la lengua que la gramática desvela, ¿quizá también haya que ponerse en un estado de consciencia especial? (...) ¿Se puede enseñar a los niños a hablar bien y a escribir bien estudiando gramática si no han tenido esta iluminación que tuve yo? Misterio. Mientras tanto, todas las señoras Magra de la Tierra harían mejor en preguntarse qué música tienen que poner a los alumnos para que puedan entrar en trance gramatical.(...)
Y, camino de mi casa, me he dicho: desdichados los pobres de espíritu que no conocen ni el trance ni la belleza de la lengua."
La elegancia del erizo, Muriel Barbery, pp 173-176

miércoles, 22 de julio de 2009

No hay mal que por bien no venga


Increíble, en vacaciones y estoy madrugando más que durante el curso. A lo que iba, buscando comentarios sobre el libro de Saramago he descubierto a un grupo de compañeros y compañeras de los que tengo la sensación de que voy a aprender mucho. Son personas que están aplicando las TICs en sus clases, personas inquietas que dedican muchas horas a mejorar las herramientas que podemos utilizar en nuestra materia. El curso que viene, cruzaré los dedos, tendremos ordenadores en clase y sería una pena que se murieran de pena en los armarios. Si esto es lo que viene tenemos que recibirlo con ganas y con la intención de sacarles el máximo partido. Así que emplearé parte de mi tiempo en empaparme de programas y herramientas que me puedan ser útiles. En los blogs que tengo enlazados aparecen algunos de los de estos compis, os invito a que navegéis por ellos.

Ahora bien, en mi afán de aunar tradición y vanguardia, estos días en los que están presentes casos que han levantado la polémica en torno a la necesidad de cambiar la ley del menor, sigo con la convicción de que hay que devolverle a las humanidades su lugar en la educación, frente a la adoración ante la ciencia y la tecnología "el que no vale, pa letras" Hay que estudiar a los clásicos, así nos daremos cuenta de que no somos tan originales, trabajar la historia del pensamiento para cuestionarnos qué somos y qué es lo que importa realmente,conocer qué han hecho los que vivieron antes que nosotros para no caer en los mismos errores y horrores. Lejos de dictados religiosos, no me canso de decirle a mis peques y a mi alumnado que no le hagan a los demás lo que no les gustaría que le hicieran a ellos, que se pongan en el lugar del otro, que si hablan de alguien sea para bien... en fin, seguiré soñando y curioseando. Hasta otro rato.