jueves 14 de mayo de 2009

Nos vamos de concierto

Nos vamos de concierto. El viernes 15 de mayo los BAT tocan en el "Número 31", para hacer boca, pinchad aquí

domingo 15 de febrero de 2009

Para quien quiera entenderlo

http://www.slideshare.net/piratagrumete/me-voy-a-la-cama-presentation

domingo 30 de noviembre de 2008

"Nada es verdad, ni nada es mentira..."

Esta cita de Campoamor la escuché por primera vez en una clase de García Montero, persona a la que recuerdo siempre por la sonrisa de su mirada y su cercanía. La polémica y el enfrentamiento con otro profesor al que no tuve en clase, pero cuya referencia para mí, era la que me contaban compañeros y compañeras, como sus desprecios hacia un poeta paisano al que admiro desde pequeña, no sé... no lo he seguido y no puedo hablar, bueno como decía este salto a la actualidad informativa de profesores de la Universidas de Granada, me ha hecho volver a los pasillos de la Facultad de Letras y recordar lo mucho que disfruté y experimenté entre sus paredes y cristaleras. He bicheado por google y he encontrado estos comentarios y artículos, por si tenéis un ratito y os ayudan a entender qué es lo que ha pasado. ¡Está nevando!. Hasta otra
http://www.kaosenlared.net/noticia/fortes-garcia-montero-hechos-son-siguientes

domingo 9 de noviembre de 2008

A destiempo y contramarea




Si algún día osara a escribir el libro de mi vida, tendría que llevar este título A destiempo y contramarea.


Mi intención era haber hecho este pequeño homenaje a las personas a las que quisimos tanto y ya no están, en el día de Difuntos, pero más vale tarde...









Entre nubes de sal y arena,

la magia de existir,

un cuerpo,

una quimera.
MJLF

martes 21 de octubre de 2008

El día de las bibliotecas

El día 24 de octubre es el día de las bibliotecas, no se me ocurre una mejor manera de celebrarlo que la de acercarnos a la biblioteca más cercana y acariciar con las manos y con los ojos los lomos de esos libros, que nos miran esperando a que los saquemos a bailar y nos los llevemos, como la mejor compañía, a casa durante unos días. ¡A disfrutar! Yo lo estoy haciendo con Manual de literatura para canívales, Rafael Reig.
Por cierto, buenas noticias, aunque sean a largo plazo, ya hay proyecto de ampliación de la biblioteca municipal.
Si hay alguien ahí, que se manifieste. Absténganse fantasmas y demás espíritus.

lunes 8 de septiembre de 2008

Sabia leyenda africana

El sapo juez
(Brazzaville)
Una vez un hombre salió de caza con su hijo y derribó una gacela. Llegó la noche y todavía estaban en medio del bosque, lejos de su cabaña. Como tenían mucha hambre dijo el padre al niño:
-Nos quedaremos aquí y asaremos un trozo de la gacela que hemos cazado.
Y se puso a buscar dos ramitas con las cuales los negros encienden el fuego, pues los que no están en contacto con los blancos no conocen los fósforos.
Para hacer fuego frotan dos pedacitos de leña hasta que se encienden. Son ramitas especiales que no se encuentran en cualquier sitio.
A pesar de lo que buscaron no aparecía la ramita y el hombre vio a lo lejos algo que brillaba.
-Allá lejos debe haber fuego –dijo a su hijo-; ve por él.
El muchacho corrió hacia el sitio donde se veía el fuego, pero, al acercarse, vio espantado que las llamas eran los ojos de un león que rugía y le miraba colérico.
-¿Qué es lo que quieres? –le preguntó.
El pobre niño contestó temblando:
-Perdone si le molesto, señor León. Mi padre ha cazado una gacela y le invita a comer si le agrada.
La hambrienta fiera no dejó que se lo repitiera y se fue tras el negrito, pero al llegar dijo:
-¡Muy poco es esto para calmar mi hambre; vamos a hacer lo siguiente; que el niño se coma la gacela, después que el padre se coma al hijo y al final yo devoraré al padre.
El pobre hombre no sabía qué hacer, reunió todo su ingenio y contestó:
-Te obedeceremos después de haber oído a un juez.
Allí cerca estaba escondido un sapo, que lo había escuchado todo. Se infló y gritó con todas sus fuerzas:
-¿Qué os pasa? Si necesitáis un juez, aquí estoy yo...
Y el hombre le contó todo y rogó al juez invisible que le ayudase. El sapo levantó todavía más la cabeza para gritar más fuerte, diciendo:
-Es muy sencillo: el muchacho debe comer la gacela; el padre, al hijo; el león, al hombre, y yo –aquí sacó un vozarrón terrible- me comeré al león, y todos estaremos en paz.
El león creyó, al oír esta potente voz, que el que hablaba era un animal gigantesco y echó a correr.
De esta manera salvó el sapo valiente al padre y al hijo de las garras del león.

¡Qué diferente sería el mundo si más de una persona conociera esta leyenda!

miércoles 3 de septiembre de 2008

Una leyenda india sobre la amistad

Las cuatro pipas
“Hace muchos, muchos años, en un poblado indio situado en un profundo valle entre montañas, vivía una pacífica tribu liderada por un jefe sabio y prudente llamado Chíkala. Una mañana, cuando el sol, como una enorme bola roja, se asomaba a dar a todos los buenos días por el horizonte, un miembro de la tribu, de nombre Hanhépiwi, se presentó ante el jefe con un enorme ataque de ira.
-¿Qué te ocurre, buen Hanhépiwi? Descarga en mí lo que perturba tu espíritu- le dijo pausadamente el jefe indio.
-Verás, sabio Chíkala. Mi amigo, mi mejor amigo, con quien compartía las piezas de caza y los secretos más íntimos, me ha ofendido y no me queda otro remedio que darle muerte para que mi alma encuentre sosiego.
-Comprendo tu ira, Hanhépiwi, pero antes de acabar con su vida, toma esta pipa, llénala y fúmatela debajo del anciano árbol de la vida.
Hanhépiwi hizo caso a su jefe: cogió su vieja pipa, se sentó debajo del árbol, la llenó con mucho cuidado y tardó más de una hora en fumársela entera. Cuando terminó su ira se había transformado en humo, dando paso al enfado, y le parecía excesiva la decisión de matar a su amigo; así que se fue a visitar al jefe de nuevo.
-Señor- le dijo-, he estado reflexionando y, aunque la ofensa ha sido grave, pienso que nadie merece la muerte. En lugar de apagar su vida, creo que un buen escarmiento será suficiente. Ahora mismo me iré a buscarlo para darle una zurra y que así no se le ocurra jamás volver a ofenderse.
-Comprendo tu enfado, Hanhépiwi; pero antes de levantar tu mano contra él, toma de nuevo tu pipa, llénala y fúmatela debajo del anciano árbol de la vida.
Hanhépiwi cogió una vez más la pipa, la llenó a la sombra del árbol y se puso a fumar. Cuando todo el tabaco se hubo quemado, su ira se había transformado en humo, dando paso a la indulgencia, y el indio se sentía incapaz de hacerle daño a su amigo, por muy grave que fuese su ofensa.
-Señor de la sabiduría- le dijo a su jefe-, he tenido tiempo para meditar y he llegado a la conclusión de que la amistad es algo muy hermoso como para destruirlo por una nimiedad. Estoy convencido de que lo mejor es que vaya a buscar a mi amigo, le dé un abrazo y los dos olvidemos nuestras disputas.
-También yo sabía desde el principio que esta era la solución más sabia, pero tenía que dejar que fueras tú mismo el que la encontraras. Ahora que por fin la has hallado, toma estas dos pipas y fumáoslas tu amigo y tú bajo el árbol de la vida.
Así lo hicieron. Los dos amigos fumaron juntos a la sombra del anciano árbol y dicen que su amistad se vio tan reforzada que no hubo nada ni nadie que pudiera jamás destruirla.”

En A la sombra de otro amor, Carmen Gil, Algar, 2008, pp.69-70